sábado, 7 de julio de 2012

Bajo la lluvia

Está lloviendo.
Él le grita.
No se va a dar va a verle el rostro. Él bien lo sabe, pero tiene esperanzas.
La esperanza que solo se dé vuelta.
Pronuncia su nombre, lo grita, corre, sigue corriendo.
Casi lo consigue, sólo quiere que se dé vuelta, sólo eso.
Corre, se cae, se lastima. ¡Que mierda! justo ahora se tenía que caer.
¡La estaba alcanzando! Ahora una cuadra por lo menos le llevaba de distancia.
Se levantó, sabía que esto valía la pena.Sólo que se dé vuelta.
La llamó, gritó como nunca. Le dolía la pierna, pero esto no era nada,
no era nada comparado con el dolor de ella. Sentía su dolor. 
Le ardía el pecho y el viento helado le azotaba la cara convirtiéndola en piedra.
No se iba a dar vuelta, estaba por perder las esperanzas. Ya no escuchaba sus gritos.
Él siempre fue perseverante, pero esto era diferente. 
Sentía mucho el ardor de los músculos, ya cansados del trote entre la lluvia y el agua en la calle, pero no quería, no quería que esto se terminara acá. ¡No podía terminar todo así! Era la mujer de su vida. Bien lo sabía.
Cada vez le costaba más dar un paso, pero siguió, esto valía la pena.
Estaba cerca, la llamó.
¡Josette!¡Josette!¡Josette!
Finalmente se dió vuelta.

Estaba lloviendo.
Ella se despide de él de la forma más amarga que podía existir.
No había más palabras, ya no había nada, todo estaba roto, incluso su corazón.
Cuando se dio vuelta para caminar de vuelta a su casa todavía podía verse la lágrima que
corría por su mejilla. Él se la vio. 
Caminó, no quería pensar, no quería pensar en el dolor, parecía que le estaban rebanando el corazón en pequeñas fetas, miles de agujas clavándose en él. No sabía como describirlo, se sofocaba con su propio llanto. Pero ella caminaba.
Ella lo escuchó la primera vez, sabía que la llamó pero no quería darse vuelta, no podía verlo.Ya no podía ver nada.
La lluvia se estaba poniendo fea ya, demasiada agua. Se preocupó por su regreso, era largo. Pensaba en otras cosas, pero sabía que lo hacía apropósito.
Seguía caminando. 
El dolor era intenso, pero ella lo manejaría, era terca cuando quería, era orgullosa. Ella bien se conocía. Sabía que podría salir de todo esto, ella sola, sin ayuda de nadie. 
Siempre fue igual. En realidad, siempre estuvo sola. Quizás no del todo pensó en otro lado de su mente. 
Ya no soportaba más, quería darse vuelta,correr a sus brazos y decirle que todo iba a estar bien.  Pero sabía que era una mentira. Nada iba a estar bien, era demasiado el dolor hecho en su corazón. Y el de él también, pensó.
Ya no podía resistirse, lo escuchó una segunda vez, lejos bien lejos.
¿Todavía la seguía llamando? Se preocupó por él. Todavía lo seguía amando.
Pero no podía vivir con el dolor, no lo soportaba, por eso había tomado esa decisión que cambió sus vidas para siempre.


Escuchó su grito otra vez, esta vez más cerca. ¿Cómo podía ser? Estaba siguiendola. ¿Que quería? ¿No estaba todo dicho ya? ¿Porqué seguía insistiendo cuando ya está todo roto?!

Una vez más la llamó, ella no podía más, lo escuchó muy cerca a unos metros.
Una vez más y otra. Todo lo que pensó fue en él, en el esfuerzo de él,
¿Peter? ¡Peter! ¡Peter! pensó.
Y ella se dió vuelta, finalmente.